Siempre me han fascinado los trajes. Desde pequeño entendí que no eran solo ropa, sino una forma de decir quién eres antes incluso de hablar. Con el tiempo, esa ilusión se convirtió en pasión. Y la pasión, en camino
Seis años desarrollando proyectos desde Japón hasta Italia. Allí aprendí a observar a las personas: cómo entran a una sala y se presentan al mundo en absoluto silencio.
Una reunión en Dubái lo cambió todo. Había hombres que no imponían ni buscaban atención. Simplemente estaban ahí, y el entorno encajaba a su alrededor.